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Sundus Ishaque (Pakistan 1994), estudiant de Telecomunicació, entrevistada pel Periódico

Sundus Ishaque llegó de Pakistán con 10 años y se peleó con las matemáticas hasta estar entre las pocas mujeres que estudian 'telecos'.
Sundus Ishaque (Pakistan 1994), estudiant de Telecomunicació, entrevistada pel Periódico

Font: El Periódico

Entrevista realitzada per Gemma Tramullas

Han pasado 13 años desde que Sundus Ishaque (Gujarat, Pakistán, 1994) aterrizó en Barcelona con su madre y seis hermanos para reunirse con su padre, un ingeniero que había venido a trabajar a Catalunya. Aquella niña que se encerraba en la biblioteca del instituto porque se sentía «rara» hoy está en tercero del grado de Ingeniería de Tecnologías y Servicios de Telecomunicaciones (mención en Sistemas Telemáticos) de la Universitat Politècnica de Catalunya. Solo el 16% de alumnos de esta carrera son mujeres.

¿Qué recuerda de su llegada a Barcelona? Entré en el que sería nuestro nuevo hogar, en el Paral•lel, y pensé: «¿Y el resto de la casa, dónde está?». En Pakistán vivía en una casa y no estaba acostumbrada a pisos pequeños. Llamé a mi abuela y le dije: «No vivimos en la tierra ni en el cielo, ¡vivimos en medio!».

¿Qué tal en la escuela? Los primeros días fueron muy pesados. Era la nueva, solo hablaba urdú e inglés y algunos chicos se reían, aunque también había gente maja. No sé cómo, pero aprobé, y pasé al instituto Milà i Fontanals.

¿Qué asignatura le costaba más? Las matemáticas; no podía con ellas, no me salían, pero los profesores veían que me esforzaba y se interesaron por mí. He sido muy afortunada. Tengo grabada la imagen de todos los profesores de matemáticas que han creído en mí y me han dado cariño y confianza. Ellos me animaron a sacármelas.

Habría que hacerles un homenaje a esos profes. Si supieran que está en 'telecos'... Cuando me matriculé estaba supercontenta pero no era consciente de haber elegido una carrera que tenía fama de ser de las más complicadas. El primer año fue una bofetada. El primer cuatrimestre solo aprobé una asignatura y muchos abandonaban precisamente por las matemáticas.

¿Usted no se lo planteó? Temía que me echaran y no podía permitirlo. Siempre he querido que mis padres estuvieran orgullosos de mí y, en los momentos en que no podía más, eso me motivaba a seguir. Tenía claro que no tenía que demostrarle nada a nadie y que solo competía conmigo misma. Un día me miré al espejo y dije: «Sundus, o estudias o te mueres, no tienes más opciones». Es muy fuerte, pero no me veía haciendo otra cosa.

¿Cómo logró aprobar? Al entrar en la universidad creía que me conocía, pero no me conocía en absoluto. La clave es conocerte y buscar tu manera de estudiar. Empecé por reducir asignaturas y practicar muchísimo, porque es la única manera de sacarse asignaturas como cálculo. También me ayudó la confianza de los profesores y los compañeros.

Tiene una fuerza de voluntad brutal. A veces me estreso tanto con los exámenes que se me va la voz y me dan ganas de llorar. Toda la familia me soporta, pero si he llegado hasta aquí ha sido gracias a mi madre. Ella me tranquiliza y me da confianza cuando no puedo más. Si mi madre está conmigo, si Alá está conmigo, y yo me he esforzado, pues ya se verá.

¿Le cuesta compaginar sus valores culturales y familiares con los de aquí? Respeto mucho mi cultura. Los viernes de Ramadán, que es el mes sagrado de los musulmanes, vengo a la universidad con la ropa tradicional de Pakistán y me cubro el pelo con un velo.

¿Ayunar hasta la puesta de sol es compatible con las exigencias de la universidad? Estoy sana, no hay motivo para no hacerlo. Además, implica tener un autocontrol que me es muy útil. Cuando algo no me sale bien me entra hambre, en cambio durante el Ramadán aprendo a calmar este ansia. Antes me estresaba por todo y ahora sé controlarme. A veces me desean suerte con los exámenes, pero pienso que la suerte no existe, todo está en la mente.